ABORDAJE DE LA PERSONA O FAMILIA EN PROCESO DE DUELO
El personal de salud en su mayoría de casos cuenta con entrenamiento o formación en primeros auxilios psicológicos. Los primeros auxilios psicológicos, están pensados para reducir a corto y largo plazo la angustia inicial producida por eventos traumáticos, promover el funcionamiento adaptativo y las habilidades de afrontamiento (Red nacional de estrés postraumático, 2006), y tienen los siguientes objetivos:
Proporcionar apoyo: permitiendo que la persona se sienta escuchada y comprendida, para así facilitar la expresión de sentimientos y la ventilación de emociones negativas como el miedo, la tristeza, la angustia o el enfado.
Reducir la mortalidad: en cuanto a entender que el suceso estresor puede generar situaciones violentas que pueden atentar contra la integridad de otras personas o de sí mismo; en esta instancia se actúa en consecuencia para evitarlo (desarrollar su red de apoyo informal, favorecer su ingreso hospitalario, etc.).
Ser el punto de unión con recursos de ayuda, proporcionándole información sobre los recursos necesarios y brindándole orientación sobre qué hacer y cómo hacerlo (Corral & Gómez, 2009).
ATENCIÓN DE PROFESIONAL DE LA SALUD MENTAL
El abordaje del proceso de duelo para el individuo y su familia se debe realizar en compañía de un profesional de la salud mental (psicólogo, psiquiatra).
Algunas estrategias de intervención previas al fallecimiento para facilitar un buen duelo son:
• Asegurar un buen cuidado médico y emocional del paciente y proporcionar un adecuado
control de los síntomas, para que el sufrimiento que conlleva la enfermedad sea lo más
tolerable posible para el deudo y no se convierta tras el fallecimiento del enfermo en un
motivo de rabia o ira que perturbe el proceso de duelo.
• Favorecer la comunicación entre los futuros dolientes para que se ofrezcan apoyo mutuo y
arreglen el mayor número de asuntos pendientes con el paciente. La tranquilidad de haberse despedido del ser querido con los temas que consideraban más importantes resueltos es
vital para el superviviente.
• Animar a la familia a organizarse y participar activamente en el cuidado y en la expresión
de afecto hacia el paciente, dotando de significado y sentido su labor de cuidado y acompañamiento. De este modo se observa, por un lado, un beneficio directo e inmediato tanto
en el propio paciente que recibe con satisfacción dicha ayuda y apoyo como en la familia
que corre menos riesgo de claudicación emocional de algunos de sus miembros y, por otro
lado, un beneficio tardío sobre la reacción del doliente tras el fallecimiento del paciente que
experimenta el duelo con mayor serenidad debido a una menor carga de sentimientos de
culpa.
• Promover, sin forzar o imponer, que se sigan ciertas actividades rituales tras el fallecimiento del ser querido (ver al fallecido, poder estar a solas para despedirse, realizar los
cuidados post-mortem, acudir al funeral, etc.) porque con ellas se crea un espacio
donde socialmente está permitido expresar de manera abierta el llanto y otras muestras de dolor y de despedida que facilitan la elaboración del duelo y la aceptación de
la muerte.
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